LOS ABANDONADOS. UNA ESPERANZA. LA REFORMULACIÓN DEL PACTO SOCIAL.

Chari no tuvo más remedio que entrar en una vivienda de protección oficial vacía y sin adjudicar para dar cobijo a su familia.

Lleva varios años como demandante de vivienda, desde 2010, antes de que el actual Alcalde se hiciera cargo de regir los destinos, si se puede decir esto, de la ciudad de Sevilla.

La vivienda en la que actualmente habitan Chari y sus hijas es propiedad de EMVISESA.

Las viviendas de EMVISESA, por extraño que parezca, no salen a concurso. Simplemente se dejan vacías o se tapian sus puertas y ventanas para que no sean utilizadas. Esta situación en la que los pisos destinados a alquiler social quedan vacíos y sin adjudicar, no se puede entender más que desde una perspectiva especuladora, pues, no existe razón o sentido alguno que lo justifique.

Fue Chari a la que le tocó vivir la situación de ser insultada por un agente de la autoridad. Pero, podría haber sido cualquier otra persona en su misma situación. Y es que el día 16, de la semana pasada, le llegó un señor investido del poder ejecutor del Estado y le reflexionó sobre lo que debería haber sido su vida hasta llamarla tonta. Si, tal y como se oye. Chari no quiso estudiar. El agente si lo quiso. Por eso, según el agente, Chari merecía el calificativo de tonta.

Me pregunto ¿Que país es este en el que alguien no es capaz de entender lo que es evidente y se dedica a realizar argumentaciones que no le corresponden?

Señor agente: Chari no tiene donde quedarse y las viviendas públicas no se adjudican.

Señor agente ¿como se le ocurre decir que los que están haciendo más por solucionar la situación son, atención, LOS BANCOS?

Increíble que alguien pueda decir semejante memez y tontería.

Si, desde luego, alguien cree que obtener una plaza de agente de policía nacional le habilita para decir que es más inteligente que aquella persona que no ha tenido más remedio que acceder a una vivienda pública para dar cobijo a su familia, evidentemente, no merece la plaza que obtuvo. Menos aún la merece si afirma que los que están haciendo más por mejorar la situación son los bancos.

El Sr. agente parece que olvidó algo. Olvidó que él es un ejecutor de la derrota del pacto social. El no ha comprendido que la situación ha degenerado hasta límites insospechados. El no puede observar, desde su inteligencia, que hoy son certeras las reflexiones realizadas en su día por Marat, al respecto de la ausencia de culpabilidad en un estado de necesidad de un individuo, en cuanto arremete contra el Estado.

Decía Marat:

“¿Que soy yo culpable? No lo creo, pero tengo conciencia de que no he hecho nada que no debiese hacer. El primero de los deberes del hombre es cuidar de su propia conservación; vosotros mismos no conocéis ningún deber superior a éste; el que roba para vivir, en tanto no puede hacer otra cosa, no hace más que usar sus derechos”.

La situación de vulnerabilidad de Chari es tal que no puede considerarse que el hecho que se le atribuye, usurpación de una vivienda, por más que se reconsidere no puede estimarse como contrario a derecho, dado que la conservación de ellos mismos y de sus hijos menores hacen que lo que realizó no sea otra cosa que usar del derecho de utilizar una vivienda social deshabitada y, al igual, que la insignificancia del hurto famélico, dicha actuación no puede considerarse sino insignificante para la Ley y el Pacto Social.

No en vano Marat, hace más de doscientos años, ya vaticinaba:

“A la generación que hizo el pacto social sucede la generación que lo confirma; pero el número de miembros del Estado cambia sin cesar.

Por eso, cuando no se ha tomado ninguna medida para prevenir el aumento de las fortunas particulares, por el libre curso que se deja a la ambición, a la industria y al talento, una parte de los hombres se enriquece siempre a expensas de la otra, y por la imposibilidad de disponer de sus bienes en favor de extraños por falta de herederos naturales, las riquezas bien pronto deben acumularse en un corto número de familias y se encuentran luego en el Estado una multitud de personas indigentes que dejan su posteridad en la miseria.

En una tierra en que todo es posesión de otro y en la cual no se pueden apropiar nada, quedan reducidos a morir de hambre.

Entonces, no conociendo la sociedad más que por sus desventajas, ¿están obligados a respetar las leyes?

No, sin género de duda; si la sociedad los abandona, vuelven al estado natural, y cuando reclaman por la fuerza derechos de que no pudieron prescindir sino para proporcionarse mayores ventajas, toda autoridad que se oponga a ello es tiránica, y el juez que los condene a muerte, no es más que un vil asesino.

Para mantener la sociedad es necesario obligarles a respetar el orden establecido, ante todo, debe satisfacer todas sus necesidades.

La sociedad debe asegurarles su subsistencia, un abrigo conveniente, entera protección, socorro en sus enfermedades y cuidados en su vejez, porque no pueden renunciar a los derechos naturales, en tanto que la sociedad que no haga preferible este estado al natural.

Solamente después de haber cumplido todas las obligaciones con sus miembros es cuando tiene derecho a castigar a los que violan sus leyes. […] El derecho de poseer procede del derecho de vivir; así es que todo lo indispensable para la existencia es nuestro, y nada superfluo nos debe pertenecer legítimamente mientras que otros carecen de lo necesario.

He aquí el fundamento legítimo de toda propiedad, tanto en el estado natural como en el de sociedad.”.

Con ese horizonte Chari es una abandonada a la suerte de un Estado en el que el Pacto Social se ha hecho trizas y que es necesario reconstruir. Es un Estado que actúa violentando principios básicos en materia de Derechos Humanos como lo son los de proporcionalidad, pro homine y progresividad, optando por la solución más gravosa para los clientes del sistema, dirigiendo el poderoso aparato criminalizador estatal contra determinadas personas que, huérfanas de toda ayuda gubernamental que les proporcionen condiciones dignas de vida, se ven abocadas a una situación que no desean.

Se encuentran ahora en la paradójica situación de tener que enfrentar el ius persequendi de un Estado únicamente capacitado para brindarle castigo penal y no soluciones a sus problemas.

Más paradójica, aún, es la situación, si se tiene en consideración que, en muchos de esos casos, el sujeto pasivo del despojo se encarna en la persona del propio Estado a través de una SOCIEDAD ANÓNIMA MUNICIPAL como es EMVISESA.
Porque no deben caber dudas que una persona que ingresa a una vivienda pública vacía en busca de un techo donde dormir, más que un criminal, es un desposeído de sus derechos básicos de subsistencia.

Antes de ser privada la propiedad, como no es el caso, puesto que son viviendas de protección oficial, publificadas, la propiedad es y será social, a raíz de lo cual, mal podrá hablarse de propiedad individual en términos perfectos cuando luego de casi dos centurias de existencia del Estado moderno, el mismo carece aún de aptitud para allanar el camino hacia el futuro acceso a una vivienda para cada uno de sus ciudadanos.

Por todo ello, es una realidad, que la Administración se encuentra imposibilitada, es incapaz o no desea dar una solución al desposeído, puesto que no lo hace.

Además, lo que debe quedar en claro, en última instancia, es que la actuación del Estado debe ser racional; por lo que no pueden ser admisibles las soluciones de máxima cuya finalidad primordial sea la exacerbación de la venganza pública y privada, como sucedería de aplicar el aparato opresor estatal a través de un proceso criminalizador dada las circunstancias en las que nos movemos actualmente.

El primer paso para solucionar la situación debe venir de la mano de una solución multifacética que ponga sobre el tapete los problemas y eventuales soluciones que satisfagan a todos los sectores involucrados, lo que no se alcanza mediante la aplicación del derecho penal y del aparato opresor.

Pero, actualmente, tras esto nos queda solamente a Chari desposeida y abandonada. A Chari con una sola esperanza: Que cambie el modelo de los últimos 40 años y acabe reformulándose el Pacto Social sin aquellos que lo han destruido.

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