FONDOS DE TITULIZACIÓN E INICIATIVA VOLLGELD

La iniciativa Vollgeld o el fin del mal uso de la titulización por las entidades financieras.

 

Resulta que los suizos, los ciudadanos del país llamado Suiza, no los que se hacen el suizo (o sueco) para llevarse la pasta a su patria querida allende Los Alpes, han decidido que quieren hacer un referéndum para terminar con la creación del dinero de la nada.

 

Entienden, y de esto creo que saben, que lo mejor, seguramente también para sus intereses, será que las entidades financieras no creen dinero a través de los préstamos.

 

Esto, que es muy complejo, y para una persona que no es economista como el que escribe, puede parecer hasta farragoso, tiene una vis clara en nuestra economía a través de los Fondos de Titulización de Activos.

 

Con estos fondos, las entidades financieras al amparo de las legislaciones promulgadas por los componentes del bipartidismo, desde la Ley 19/1992, de 7 de julio, sobre régimen de sociedades y fondos de inversión inmobiliaria y sobre fondos de titulización hipotecaria, han venido creando dinero para enriquecerse en detrimento de los demás participes de la sociedad, siendo esta circunstancia una de las claves del sistema que nos hace pagar los platos rotos a todos los ciudadanos.

 

¿Cual fue la fórmula de creación de dicho dinero a través de dichos Fondos? A diferencia de lo que se puede pensar respecto del hecho de que son los Bancos Centrales los que ponen el dinero en circulación, lo que estos hacen, solamente, es emitir el papel moneda, siendo el sistema financiero el que genera el dinero que se pone en circulación mediante la concesión de préstamos de todo tipo.

 

Para ello vienen utilizando la concesión de los préstamos hipotecarios, leasings, rentings, créditos personales o por tarjetas de crédito, para otorgar una posición irreal de liquidez en la sociedad consumidora.

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Dicha liquidez se promueve al amparo de la elevación de los valores de los bienes de consumo cuyas tasaciones ascienden, sin control, conformando burbujas, como la inmobiliaria.

 

Con dicha elevación de valores, inflados con independencia de un valor real, -de costos, más un beneficio racional y prudente-, que no se barajaba similar al valor de mercado, se obtenía un incremento de los activos de los balances de las entidades financieras que no serían susceptibles de ser soportadas sólo sobre la base de los depósitos de los cuenta corrientistas.

 

Es decir, en definitiva, al no tener los depósitos de los bancos la posibilidad de cubrir los préstamos que se concedían ante un fallido de los mismos, se necesitaba un instrumento para la generación del dinero falso. Por ello, se utiliza, o mejor se mal utiliza, la figura de la titulización de activos para obtener ese dinero del que poder disponer para otorgar nuevos créditos sobre valores que se iban inflando a medida que el interés desmedido del capital lo necesitaba a fin de satisfacer el ansia de enriquecimiento de unos cuantos conocedores de la gran estafa de la estabilidad.

 

Así las cosas, los bancos utilizaron a otras personas, los bonistas, los cuales eran titulares de bonos negociables en el mercado secundario vendidos por las propias entidades financieras a sabiendas del falso valor de los mismos, para obtener la liquidez que les permitía continuar en su escalada de beneficios inmorales y antiéticos.

 

Los propios bancos o entidades financieras descargaban, de este modo, sus balances y obtenían liquidez engañando tanto a los bonistas como a los consumidores y prestatarios que adquirían deudas sustentadas en artículos cuyo valor real era muy inferior al de mercado, circunstancia que, con el tiempo, les llevaría a encontrarse endeudados de por vida por cantidades desorbitadas, perdiendo sus bienes, sus derechos y los de sus próximas generaciones.

 

Este proceso es el que se ha producido nuestra patria bajo el paraguas de instituciones públicas tales como el Gobierno de España, el Congreso de los Diputados, el Banco de España y la Comisión Nacional de Mercado de Valores, todos ellos artífices de la transparencia ficticia en la que se nos instaló.

 

En estas circunstancias, algunos “patriotas” de bandera suiza, o de cualquier otra de algún paraíso fiscal, construían la burbuja para crear dinero falso y hacer creer al resto de ciudadanos que vivían bien, que tenían bienestar, y que podrían vivir mejor, entretanto, ellos, conocedores de lo que realmente sucedería en el futuro se encargaban de dejar el solar de su país cada vez más desierto, exprimiendo hasta la última gota de futuro a millones de familias, a sus hijos, a sus padres, a todos, para apropiarselo en aras de la estabilidad de España.

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